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Sabiduría para
la familia

5 razones de por qué se arruinó la relación con mi hijo

Actualizado: ago 28


Antes de empenzar, me gustaría decir que: NADIE planea arruinar la relación con sus hijos, es algo que sucede.


Mi esposo y yo planeamos y deseamos un hijo.


El nacimiento de Paco fue uno de las eventos más maravillosos que me han sucedido.


Le di muchas gracias a Dios por la bendición de la maternidad, y sobre todo disfruté mucho su etapa de bebé.


Construí muchas expectativas para nuestro futuro juntos.


Como madre primeriza busqué informarme sobre las etapas del desarrollo del niño, me preparé para el desapego para cuando ingresara al pre-escolar, y luego para la etapa de la educación primaria.


Pasábamos varias horas juntos por las tardes, llevándolo a la natación, después ayudándole en sus tareas escolares y en ratos de diversión con juegos de mesa o arreglando el jardín de la casa.


Los fines de semana íbamos a la iglesia para que aprendiera sobre valores y principios para la vida. Oraba a diario por él.


Desde el nacimiento hasta los 12 años, su padre casi no estaba en casa ya que viajaba mucho por su trabajo en la empresa. Nunca nos faltaba nada material, aunque sí extrañabamos pasar los tiempo juntos.


Pocas ocasiones salimos de vacaciones a la playa o al bosque, aunque sí disfrutamos mucho los tres esas salidas.


Aceptaba las circunstancias y me enfoqué en cumplir con lo que me tocaba hacer: Criar y educar al hijo que Dios me había dado. A no permitir que nada ni nadie nos separara.


Navegando aguas peligrosas


Llegó el tiempo de que ingresara a la secundaria y también llegaron los tiempos de cambios físicos y de conducta en Paco.


Comenzó a tener amigos en su escuela y a hacer tareas en equipo en casa de esos amigos; pero siempre procuramos desayunar, comer y cenar juntos.


Me compartía sus nuevos descubrimientos, sus dudas y sus sueños.


Cuando estaba por terminar la secundaria, ya con sus 15 años cumplidos; se acercaba su graduación para después ingresar a la prepa.


Hasta ahora todo iba “normal” en nuestra “vida familiar”.


Comenzamos a tener algunas diferencias en cuanto a la escuela a donde ingresaría y sobre algunos de sus amigos que tenían expresiones afectivas medio “raras” para mi.


Tuvimos algunas discusiones en cuanto a la llamada “moda neutra”, pero nada fuera de lo normal.

Como balde de agua fría


Una tarde me pidió que platicáramos sobre un asunto de mucha importancia para él.


Me pidió que me sentara y en un tono de voz serio y pausado, me dijo que en los últimos días había tomado una decisión respecto a su preferencia sexual que por dos años la había callado.


Que estuvo buscando la mejor forma y el mejor momento para decírmelo, sobre todo porque no quería lastimarme cuando me lo dijera.


Mirándome a los ojos y con su rostro frío me dijo: “Mamá, soy gay…. no quiero ocultarlo más tiempo”. “Tengo un novio desde hace 6 meses estamos saliendo y nos amamos. Sé que no compartes esto, pero así están las cosas ahora”.

Esto no pede estarme pasando a mi.


Me quedé de una pieza.


Sentí como si el piso se hundiera debajo de mi.


Entré en shock, no podía creerlo.


Negación, sentimiento de traición, frustración, enojo casi llegando a la ira, fueron la mezcla de sentimientos y pensamientos agitando mi mente.


Tratando de guardar la compostura le dije en un tono confrontativo y alzando la voz:


¡¿Cómo?! ¡¿Entiendes lo grave de lo que me estás diciendo?!


¡¿Qué con todo lo que te he enseñado de principios y valores morales?! ¡Ahora me sales con eso!


¡¿Sabes que eso es detestable para Dios y que los que son homosexuales irán al infierno?!


¿Qué dirán los hermanos de la iglesia sobre nosotros?


No sabes el dolor que me está causando con lo que me dices. Con qué cara me voy a parar con tus tíos, con tus abuelos.


Me has traicionado todo este tiempo que lo has callado. ¡Eres un hipócrita, falso y todavía dices que me amas.¨!

Me pidió que lo escuchara para explicarme sobre su decisión, que no tuviera esa actitud, que me calmara.


Que si lo amaba como repetidamente se lo decía, buscara entender.


Yo le dije: ¡Si eso es lo que quieres, pues aquí se acabó.!


No puedo tolerar algo que creo es horrendo, repulsivo y reprobable por todos lados.


No me hables hasta que piense qué hacer de aquí en adelante.


Salió de la casa entre llanto, furia e incredulidad.


Esperaba una mayor comprensión de mi parte y que no reaccionara de esa forma.


Ya tenemos dos meses que no nos dirigimos la palabra, se sale casi todo el día y sólo llega a dormir.


He buscado la forma de digerir lo sucedido, pero no sé cómo. Sigo con mucho coraje, me duele mucho, lloro casi a diario.


Me declaro incompetente para encontrarle una solución y recuperar la relación con Paco.

¿Qué hacer para recuperar la relación con su hijo?


Tal vez usted esté pasando por una situación parecida, o quizá conoce a alguien que está pasando por algo así.


Le recomiendo que para resolver esta problemática, examinemos el caso desde las dos perspectivas: La de la madre y la del hijo.


Para la madre, su hijo egoístamente ha decidido un camino que va en contra de todo el proyecto de vida que ella quiere para él, para el hijo, su madre es una juez dura e inaccesible que prefiere guardar la imagen a conservar la relación con él.


Primero que nada, si usted está en la posición de la madre, debe de entender que su hijo no "decidió" una preferencia sexual, su hijo la desubrió.


Que usted lo rechace, lo juzgue, o le lea versículos de la Biblia no va a cambiar lo que su hijo siente. Lo único que va a pasar es que usted va a perder la relación con su hijo.


Ojo, no estoy sugiriendo que se resigne y cambie sus principios y valores morales, lo que estoy diciendo es que se pregunte si quiere tener o no una relación con su hijo.


Si la respuesta es si, lo primero que tiene que hacer es responsabilizarse de lo que a usted le corresponde — tal vez su manera de reaccionar o la forma de acercarse.


A continuación tenemos 5 puntos en los que podemos reflexionar sobre la historia de Paco y su madre.


  1. La madre de Paco reaccionó visceralmente, como si su hijo fuera la persona más perversa del mundo y ella la impecable, la juez perfecta: Quizá porque había construido un ideal de su hijo, algo idílico, y que nada ni nadie podría derribar una relación tan sólida.

  2. Ella se cerró a tal grado que por dos meses no buscó a Paco para restaurar la relación, mostrando nada de interés por la vida de su hijo. No tomó la iniciativa para buscar y sanar las heridas.

  3. Dió por sentado que con la educación y “cuidado espiritual” que ella le había proporcionado durante 15 años, nada lo “desviaría del rumbo correcto”.

  4. A la madre de Paco le importó más conservar la “buena imagen”, el qué dirán los demás; por encima de la necesidad de Paco por ser escuchado y entendido.

  5. Ella no consideró la necesidad de Paco por tener una figura paterna en su vida, atrajo egoístamente la atención sobre ella y no buscó que tuviera un balance sano... un nexo más cercano con su padre — acaso fue ¿excesiva “posesión de su persona”?

Conclusión


Este es un tema común en muchas familias de latinoamérica, y uno de los más dificiles.


Muchas madres no saben cómo reaccionar, y generalmente escuchan dos voces que hacen mucho ruido.


Una voz les dice que su hijo nació así y no hay nada que hacer, la otra voz les dice que su hijo eligió ser gay.


La primer narrativa lleva a la resignación, y la seguna lleva a tratar de convencerlo — lo cual no funciona.


Sin embargo, existe una tercer opción de la cuál casi nadie habla.


Si está interesada en saber más, o conoce a alguien que podría interesarle, deje su correo electrónico en la sección de abajo (boletín semanal), y nos pondremos en contacto con usted.


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